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Los Doctores del Alma by Valter

En la inmensidad de los universos paralelos que existen dentro de toda esta realidad que llamamos cosmos; existe un peculiar grupo de seres que se hicieron llamar los Doctores del Alma. Estos increíbles seres poseen las verdades del alma, así como todos sus caminos. Son seres sumamente espirituales y amorosos, así como poderosos. Los Doctores del Alma saben cómo curar a un alma que ha sido lastimada por los dolores que le ha provocado amar a otras almas, porque ellos saben que amar a otros seres implica dolor, y este dolor es debido a que no se sabe amar. Si dos almas se juntan, pero una de ellas no sabe amar, las consecuencias son catastróficas, llevan al alma a un caos insoportable; y en esa estancia, el ser va perdiendo su alma. 

Los Doctores del Alma se dedican a extraer las almas de aquellos seres malvados, pueden separar el alma del cuerpo y almacenarla en algún lugar en el que se encuentra segura. Porque en el caso de que el alma de un ser malvado se conecte con el universo, esto provocará un malestar en el futuro del cosmos. Las almas malvadas tienen niveles muy bajos de frecuencia, en donde las vibraciones tan bajas provoca un dinamismo en las vibraciones del cosmos, el cosmos cambia su estado vibracional a partir de las vibraciones de las almas. 

Sin embargo, por otro lado, los Doctores del Alma también se dedican a cambiar las vasijas del alma, esto se refiere a que ellos cambian el alma a distintos cuerpos para que el alma pueda entender distintas formas de vida y de vivencias. El objetivo de cambiar las almas a otros cuerpos es que las almas reconozcan su libertad y que esta no depende absolutamente de nada más que de la expresión pura de su alma. 

También los Doctores del Alma tienen otro trabajo, y quizás sea el trabajo más importante para ellos; y es el de liberar a las almas bondadosas. Por liberarlas hace referencia a desconectarlas de su existencia individual y conectarlas a su existencia universal. Ahora que saben a qué se dedican los Doctores del Alma les contaré una historia. 

Érase una vez, una civilización muy lejana en el cosmos. Una civilización que tan pronto obtuvo el conocimiento bélico de las armas nucleares, no dudo en utilizarlo para sí misma y destruirse. Si bien, no se supo a ciencia cierta el por qué la razón de su destrucción, quizá fue el poder, la irracionalidad o el mismo diablo quien provocó todos esos acontecimientos. Pero lo que le vino después a esa civilización no fue del todo agradable. 

Las pocas sociedades que habían sobrevivido al holocausto luchaban día a día por su supervivencia. El planeta entero se comenzó a secar poco a poco, la única agua que podía encontrarse era la  agua radiactiva; los animales la bebían y por ello perecían. El clima era muy estrepitoso, muy caótico y muy violento; si querían vivir, tenían que encontrar refugios con el suficiente alimento para sobrevivir por algunos días y después morir por el frío hielante que hacía, entró un invierno nuclear en primavera; tan pronto cayeron las bombas, llegó el invierno. Las personas no lograban alimentarse de nada, los animales y las plantas habían perecido, el agua era imbebible. Poco a poco dicha civilización fue pereciendo; y las construcciones colosales que algun dia trajeron a su mundo, habían sido quebradas al paso de las bombas y del clima errante. 

Sin embargo, entre toda la muerte, la destrucción y la desesperanza quedaba un solo ser en todo el planeta. Solitario, único, un ser huérfano al que no le quedaba absolutamente nada ni siquiera aire limpio que pudiera respirar, el ser traía consigo varios tanques de gas con los cuales se movía, quizá podía durar 1 semana o dos tal vez, pero a pesar de eso, él tenía esperanzas y busca encontrar vida. 

No obstante, todos los suelos de los rincones del planeta eran estériles, el pequeño individuo no lograba plantar absolutamente nada. Pronto, fueron pereciendo aquellas vidas microscópicas que podían existir bajo condiciones ambientales sumamente contaminadas. El ser seguía con vida gracias a todos sus aparatos y múltiples trajes que le permitían escapar de las lamentables consecuencias que provoca la radiación. A pesar de eso, parecía que el ser comenzaba a enfermar y a desfallecer cada vez más por cada paso que daba, pero siempre que caía se levantaba diciéndose a sí mismo: “mientras exista una voluntad en este mundo, habrá esperanza. Porque la voluntad de todo ser es más poderosa de lo que se piensa”. 

Entonces… aparecieron los Doctores del Alma. Y le dijeron: “he aquí que tenéis razón, la voluntad es el alma de los seres, mientras exista un alma, existirá la vida.”

Aquel ser se sorprendió al ver a los Doctores del Alma, seres que no necesitaban de ningún artefacto ni de nada para poder sobrevivir a esos ambientes tan hostiles con altas dosis de radiación, seres desnudos, con pieles brillantes como el oro y la plata y rostros llenos de iluminación que destellaban luz de paz. El sujeto se sorprendió bastante y vio que en las pisadas de los Doctores del Alma germinaba la vida. 

Los Doctores del Alma le ofrecieron convertirse en uno de ellos o de salir de aquel planeta, porque el alma de este ser se encontraba en el nivel más alto que puede alcanzar un alma, el nivel 50. No obstante, aquel ser dijo que no podía irse de aquel mundo que no merecía ese brutal destino. Los Doctores trataron de hacerle un prueba, ellos intentaron convencer al sujeto de que saliera de ese mundo y que fuera con ellos, pero el sujeto seguía con su necedad en tratar de salvar a un planeta que ya había muerto. 

Los Doctores del Alma dijeron: “el alma de este planeta ha parecido, ya no hay nada que se pueda hacer”. A lo que el sujeto respondió diciendo: “yo confío que aún se puede salvar este planeta, tengo la voluntad para hacerlo. Sus pasos han podido crear vida en donde no lo hay, ustedes pueden ayudarme a devolverle la vida al astro”. Uno de los Doctores le respondió: “ sí, podemos ayudarte a hacer eso, pero tu dejarás de existir en la forma en que existes. ¿Estaría dispuesto a dar tu vida por la de un astro?” 
El sujeto respondió sin ninguna vacilación que sí lo haría. Entonces lo Doctores del Alma procedieron separando el alma del cuerpo, cuando estos vieron la grandeza del alma de aquel sujeto, se dieron cuenta que este poseía un alma del grado más elevado de la existencia, nivel 50. El alma del sujeto era incluso más grande que el tamaño del planeta, cómo un alma tan grande cabe en algo tan pequeño como en un cuerpo. 

Los Doctores no se sorprendieron en lo absoluto, sabían que estaban haciendo lo correcto. Entonces, dejaron caer el alma del sujeto en el planeta muerto; el alma del sujeto pasó a ser el alma del planeta, y entonces, comenzó a surgir la vida de la nada; la radiación desapareció por completo, los volcanes dejaron de expulsar lava y las placas tectónicas dejaron de moverse. Las tierras estériles comenzaban a producir hierbas y frutos. Y rápidamente se creó la vida animal, en tan solo 5 días el planeta floreció y recuperó toda la vida que había perdido. Y en el sexto día nació un hombre y una mujer.

Los doctores del alma quedaron sorprendidos cuando el planeta creó nuevamente la especie que él había sido. Así que le preguntaron el por qué de su razón. Y él les contestó: “es verdad que mi especie hizo mal, pero ahora que soy un astro entiendo que todas las formas de vida son igual de hermosas y maravillosas, y que todos deben de tener la oportunidad de existir por más malos o buenos que sean. Porque la existencia es una de las obras más bellas del universo, y que las almas se pierdan de dicho evento es una desdicha”. Desde ese entonces los Doctores del Alma reconocieron el gran nivel del alma que había alcanzado aquel sujeto, el 51. 
Moraleja: Con la voluntad todo se supera. 
FIN 


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